Todos en algún momento de la vida, hemos caído en negatividad y pesimismo por problemas que nos cansan, ya que no les encontramos solución alguna.

La reacción es enojo e incluso a rebeldía. Nos decepcionamos de todo, aun de Dios y de nosotros mismos; ya que sentimos hemos hecho lo necesario para resolver la situación y nada ocurre, por el contrario empeora.

Y es aquí cuando entendemos y aceptamos que es imperativo, hacer cambios en nuestra vida y en nuestro entorno. Porque no somos únicamente nosotros, sino también aquellos quienes conviven a nuestro lado; creándose una atmósfera cargada de violencia psicológica, verbal y física.

Lo que sí es necesario entender, es que para que haya un cambio de esas situaciones, debemos buscar cambios prácticos y constantes.

Ssntiago 4:17 El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. Hay personas por ejemplo, que piensan que con ir a la iglesia a escuchar un mensaje y cantar unos coros, haciéndolo eventualmente ya fue suficiente. Pero realmente, no es así. Si actuamos haciendo lo debido siempre, ocurrirán los esperados cambios.

Cabe preguntarse aquí, ¿Cuánto deseo ese cambio? Y lo mas importante, ¿Cuánto estoy dispuesto a hacer? Porque los cambios no ocurren porque sí, ni tampoco porque Dios quiera; haciendo mal entonces el echarle la responsabilidad del mal o buen resultado a Dios. Ya que los cambios los hacemos nosotros, no Dios.

Hay tres niveles de cambios a hacer y resultados a obtener: Algo, nada, todo. De estos tres, ¿En qué nivel está usted?

Déjeme explicarle para hacerme entender mejor. Porque deseo usted salga del hoyo en que ha caído y no puede salir.

Si desea algo de cambio, hará pocas cosas de todas las que debe hacer. Si no desea cambio alguno, no hará nada. Pero si desea un cambio total, hará sin excusarse todo lo que deba y tenga que hacer, no dejando por un lado absolutamente nada.

¿Quiere saber por qué nada ha cambiado y la situación sigue igual o peor? Porque usted no hace con constancia, todo lo que debe y tiene que hacer.

Gálatas 6:9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. A veces hace y otras veces no hace. Y cuando hace, ejecuta no lo que es necesario, sino lo que usted cree, piensa y siente. La vida no es  de creer, pensar o sentir si hacemos o no cuando queremos. Porque entonces se encontrará haciendo lo opuesto al consejo u orientación recibida; por ejemplo si va al médico y no toma del medicamento la dosis exacta y a la hora indicada y de forma comstante no sanará. Seguirá igual de enfermo, o empeorará tu salud física.

Y esto aplica a la vida espiritual, la vida profesional, la relación de pareja, la familia, el trabajo, el estudio, etcétera.

Así que si ya empezó, siga adelante con valor y determinación, haciendo exactamente lo que se le dijo y explicó debía y tenía que hacer, o no hacer, decir o no decir. ¡No se rinda!

• Francisco Gudiel – FG –

Deja un comentario

PUBLICACIONES RECIENTES

CITA DE LA SEMANA

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»

Salmos 119:105 RVR1960