
Como hijos de Dios y discípulos de Jesús, deberíamos ser luz. «Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» Mateo 5:14-16. Nuestra función básica como cristianos, es que el mundo vea nuestras obras de luz, es decir nos vean caminar en las enseñanzas de Jesús. La luz representa las buenas acciones, los valores cristianos y el evangelio.
Pero no todos los cristianos lo hemos logrado siempre. En la vida personal y algunos más en su vida ministerial de servicio a Jesús, lo han logrado a veces y en otras han fallado. Bueno sin ir muy lejos, tanto yo que escribo y usted que lee, no lo hemos logrado cumplir siempre. ¿Por qué?
Llevamos en nosotros inherente a nuestra naturaleza humana, la sombra de las obras de la carne. Esta naturaleza esclaviza la personalidad humana y el cuerpo. «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.» Gálatas 5:19-21. La Palabra de Dios presenta la palabra “sarx” (carne), como la naturaleza pecaminosa del hombre heredada de Adán, siendo esta la influencia innata del hombre que reina y gobierna su naturaleza humana, a menos que sea santificada por la gracia de Dios.
Listado detallado de las obras de la carne (Gálatas 5:19-21):
- Pecados sexuales: Adulterio, fornicación (sexo fuera del matrimonio), inmundicia (impureza moral/espiritual), lascivia o sensualidad (falta de límites, desvergüenza).
- Pecados religiosos/espirituales: Idolatría (poner cualquier cosa antes que Dios) y hechicería.
- Pecados relacionales/sociales: Enemistades, pleitos, celos, iras (enojos), contiendas (rivalidades), disensiones, herejías (sectarismos), envidias.
- Pecados de excesos: Borracheras y orgías (banqueteos).
- Otros: Homicidios y cosas semejantes.
Desde «adulterio» la primera hasta «cosas semejantes a estas» la última, son 18 obras de la carne «sarx». «adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas«. Aunque la frase «semejante a estas», encierra un sin número de obras de la carne no mencionadas, incluyendo las que aún como seres humanos no hayamos visto aún. Porque a como va este mundo, se esperan cosas inimaginables ocurran. 2 Timoteo 3:13 «mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.» Diez y ocho obras practicamente, las cuales al dividirlas en 3 partes que forman al ser humano, espíritu, alma y cuerpo, dan 6 para cada parte. Es decir, 3 grupos de 6 cada grupo. El número del anticristo: 666, Esta es la marca del anticristo en el cristiano cuando practica el pecado.
Realmente esas obras de la carne no son parte de la vida espiritual en Cristo Jesús. Son parte de esa fuerza del mal que nos ronda como hijos de Dios, buscando hacernos pecar contra El. El propósito del diablo es hacernos caer en sus trampas, redes y lazos a nuestra mente, sentimientos, emociones y voluntad. «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.» 1 Pedro 5:8-9. El enemigo atacará lo más importante, nuestra alma porque eso es lo que realmente somos. No somos cuerpos con almas. Somos almas a quienes se nos ha dado cuerpo. Y esa unión de alma y cuerpo «sarx«, es lo que el diablo ataca para hacernos caer en tentaciones y llevarnos al pecado. De allí que Dios nos anima e impulsa a santificarnos por completo sin dejar nada por fuera. «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.» 1 Tesalonisenses 5:23.
Los ángeles que no tienen cuerpo fueron tentados por Luzbel para que le siguieran y le sirvieran. «A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.» Ezequiel 28:16-18. Esto nos permite entender que la carne -sarx- no tiene que ver únicamente con el cuerpo -soma-, sino con todo lo que somos y tenemos como seres humanos vivos: Espíritu, alma y cuerpo. La tercera parte de angeles fue contratada y cayó derrotada. Apocalipsis nos lo sugiere: «También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.» Apocalipsis 12:3-4.
Cabe aquí entonces preguntarnos ¿Cuáles de esas obras de la carne nos gobiernan y las practicamos abiertamente y a diario? «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.» 1 Juan 3:9. Una cosa es pecar eventualmente en un momento de debilidad, y otra es hacerlo como algo que es parte de uno, algo que se practica. Porque allí está el problema, el que no haya sido algo único o eventual en su momento, sino que sea algo que ya es parte de nuestro diario vivir. Si se ha convertido en algo que hacemos a escondidas llevando una vida doble, eso ya no es beneficioso y mucho menos provechoso para producir el fruto del Espíritu Santo. Eso nos hará ser y a la vez sentirnos mentirosos e hipócritas. Eso dañará nuestra autoestima. Nos llevará al fracaso, la tristeza y la depresión. Nos llevará incluso a la bebida de licor, consumo de drogas, a la compulsiva participación en los juegos de azar. Y créame, eso no es vida, eso no se lo merece nadie, ni usted y mucho menos su familia.
¿No cree es tiempo de luchar y empezar por vencerse así mismo? Porque el diablo no podra dañarle si usted no le da la oportunidad, si no le abre el espacio para que entre por muy pequeño que sea ese espacio abierto. Satanás apelará a su voluntad trastocada por las circuntancias de la vida, a sus sentimientos y emociones destrozadas, a su mente manipulada y pensamientos negativos y pesimistas. «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.» 1 Corintios 6:9-10.
¿Qué le pasó en el pasado que le ha llevado a ser practicante de estas cosas? Porque usted no nació así. Algo o mucho pasó en su vida que le ha hecho así. Pero la buena noticia es que nada está perdido, porque Dios ha abierto una puerta no de escape porque del diablo no se huye, sino de vencimiento y derrota del diablo. Sí. Usted enfrenta al diablo y puede derrotarlo. Y puede hacerlo ahora mismo si se lo propone con valor y determinación. «Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.» Santiago 4:6-8. Sea lo que sea, se llame como se llame, usted puede echarlo de su vida para siempre si se lo propone. «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;». Colosenses 3:5.
Todos hemos pecado en algún momento de nuestra vida. Por eso todos necesitamos de Dios ahora mismo. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.» 1 Juan 1:8-10. Fiel y justo es Dios. Por eso puede perdonarnos y limpiarnos. Nos perdona pecados. Nos limpia de la contaminación que dejó el pecado. Fiel porque no falla, nos responde siempre si le buscamos de corazon. Justo a nuestro clamor y necesidad, ni más ni menos. «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» Romanos 3:23-24.
«Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad,» Salmos 51:1-2.
• Francisco Gudiel – FG –
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