
Si somos honestos con nosotros mismos, aceptaremos que no somos perfectos como personas. Nos fallamos a nosotros mismos al escudarnos en explicaciones y excusas, le fallamos a nuestra familia, le fallamos a la empresa en la cual trabajamos, le fallamos a la iglesia a la cual asistimos y servimos, etc. En algo fallamos todos los días, ya sea poco, mucho o demasiado.
¿Nos conformamos con ser imperfectos? No porque la meta es alcanzar la perfección. Muestro modelo de perfección no es ningún ser humano, sino es Dios. «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» Mateo 5:48. Ese es el propósito divino para cada ser humano. Se puede ser perfecto, aunque no es fácil ni cómodo serlo. Hay un precio que pagar.
¿Estaremos en una buena disposición para ello? Esa disposición es muy importante, ya que el deseo que tengamos va a determinar nuestro esfuerzo y sacrificio necesarios. El precio a pagar es el esfuerzo y sacrificios prácticos. Esfuerzo es cuando ponemos en acción nuestra energía mental, emocional e incluso física. Sacrificio es cuando renunciamos al interés pasajero y temporal de satisfacción personal.
Es decir, cuando sabemos que no hemos sido ni actuado perfectamente, pero creemos que a pesar de … y en medio de … sí podemos perfeccionarnos. Hemos entendido que no somos perfectos, pero sí perfectibles. La imperfección nos produce pena, vergüenza e incluso culpa del pasado. El creer y poder ser perfectibles, nos produce fe y esperanza del mañana.
Así que al buen paso hay que darle prisa, porque en la tardanza está el peligro. Si estamos y somos concientes de una realidad que no nos agrada ni satisface, mucho hay que hacer por delante. En lugar de continuar con el lamento y el llanto improductivo e inútil, nos toca actuar y ya. Somos lo que hacemos, no lo qie decimos.
Aceptar y reconocer que no somos perfectos, es el primer paso. Porque dejamos de echarle la culpa a alguien más, y empezamos a buscar en nosotros lo que no está bien y es la causa de esto o de aquello. Es dejar de buscar en el pasado de otros, e iniciar la búsqueda en el nuestro. «Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse solo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.» Gálatas 6:3-5. La Biblia la palabra escrita de Dios, es clara y directa en su instrucción.
El segundo paso es aceptar que sí podemos mejorar y/o corregir aquello que nos hunde más y más. Aquí es donde vemos la luz al final del túnel. Esa luz produce fe y esperanza de un mejor mañana. Porque nos permite darnos cuenta que así como muchos más han podido mejorar sus vidas, nosotros también podremos. Esa luz nos permite dejar la actitud negativa y pesimista que hemos adoptado hacia la vida misma. No nacimos así, no son parte de nuestra personalidad, las hemos adoptado como resultado del pasado que hemos vivido. Recuerde que el pasado no se olvida, sino que del pasado se sana. Siendo positivos y optimistas abrimos puertas de vida. «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.» Gálatas 6:9.
A los cristianos se nos recomienda y anima a perfeccionarnos cada día. Crecer en la santidad inicial que Dios nos dio es la meta espiritual, almática y física de todo cristiano nacido de nuevo. «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.» 2 Corintios 7:1. Eso es precisamente buscar la perfección de nuestro buen Padre celestial. «Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.» Santiago 3:2.
Y por supuesto si usted considera que no puede lograrlo sólo, busque apoyo y ayuda. Ya que si ha tratado de hacerlo sólo y en secreto, guardando las apariencias ante los demás y nada ha ocurrido, busque a quien explicarle su situación. Eso sí hable con honestidad, es decir sin mentir, sin ocultar y tampoco manipular y manosear los hechos a su favor. Créame nada está perdido, aún hay tiempo y oportunidad.
«Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.» Santiago 4:8. Con Dios y Su palabra nada es imposible, todo es posible. Crea, confíe y espere.
• Francisco Gudiel – FG –
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