Cada aspecto de la vida diaria tiene su fundamento vital, que sostendrá tal vida todos los años que se vivan en la tierra. Es algo así como los cimientos de una casa, y aún mas si es un edificio de muchos pisos de alto. «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.» Mateo 7:24. El transcurrir del tiempo produce un desgaste en todo elemento físico. Las lluvias, frío, calor, viento etc., exigen que la base, fundamento o cimiento sea fuerte, firme y estable, a pesar de … y en medio de … De lo contrario al cabo de los años, se caerá perdiéndose la inversión y vidas humanas.

Exactamente eso y así es la salud espiritual en cada persona sin importar su sexo, su edad, su raza, sus gustos, su educación, su economía y sus experiencias vividas. Al cabo de los años será, estará y tendrá el fruto de todo lo vivido. Pero el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y el con quién enfrentó cada situación, definirá qué es, dónde está y qué posee en la actualidad. «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.» Lucas 6:46-48.

¿Tiene una base espiritual fundamentada en Dios, o la tiene sí pero fundamentada en una persona u organización? «Mejor es confiar en Jehová Que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová Que confiar en príncipes.» Salmos 118:8-9. Allí está la gran diferencia. La clave es Dios como Padre, Salvador y Señor, y Consolador. Quién y qué es nuestro cimiento es muy importante porque cuando llega la tragedia, el dolor, el duelo, la enfermedad, la frustración, la pérdida, la traición, el abandono. ¿Quién y qué le conforta y le hace ser victorioso? «Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah» Salmos 46:1-3 La respuesta es simple. Quién: Dios. Qué: Su Palabra.

Por ejemplo, un hombre y una mujer inician su relación de pareja basada en la admiración, en el amor y en el deseo sexual. Pero llegan las crisis de relación y aparece el desencanto y la decepción. ¿Qué hacer allí cuando desaparece la fuerza y la voluntad para seguir adelante?

Otro ejemplo, la salud es algo tan necesario para un buen vivir. Ni el dinero da lo que la salud, ese sentimiento y emoción de paz que permite disfrutar cada momento que se vive. Pero cuando llega el diagnóstico de una enfermedad crónica, o una enfermedad terminal que diagnostica poco tiempo de vida. ¿Qué hacer allí cuando desaparece la fuerza y la voluntad para seguir adelante?

Podríamos agregar el ejemplo del dinero. Igual de importante para cubrir gastos diarios, pagar deudas, hacer inversiones para crecimiento personal o empresarial. Pero aparece sin esperarlo la falta de dinero, y caemos en impago, produciendo angustia, pena y vergüenza. ¿Qué hacer allí cuando desaparece la fuerza y la voluntad para seguir adelante?

En ese momento nada que poseemos como un título profesional, la posición social, la clase de familia a la que pertenecemos, nos ayudará. Nuestro criterio nos avisa que no estamos bien, y nuestros sentimientos y emociones nos lo confirman. El problema es que nada nos da la solución. Nos sentimos perdidos en la jungla de la situación. Y aquí es el lugar donde la salud espiritual, cobra vida y peso para que llegue la paz mental. Sin Dios y sólo con personas u organizaciones de nuestro lado, las soluciones serán parciales o totalmente nulas. La relación personal e individual determinará el resto. «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.» Isaías 41:10.

Sin salud espiritual al llegar las crisis, podemos fácilmente ceder a un vicio con tal de buscar una salida rápida, sobre todo emocional. «Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.» Jeremías 17:5-6. Se cae en alcoholismo, consumo de drogas, esclavitud de los juegos de azar, etc. O se vuelve una persona irracional e iracible. O se convierte en alguien indiferente a quien ya no le importa e interesa nada ni nadie, es decir le pierde gusto y sentido al buen vivir. Dejando de vivir para entonces sobrevivir. Ya no es un feliz y luchador viviente, sino un triste, aburrido y cansado sobreviviente. ¡Se vuelve una persona demandante, dejando de ser una persona ofertante!

¿Cómo se pierde la salud espiritual? Se pierde por las malas experiencias con personas y organizaciones religiosas. Hay muchos oportunistas que asisten a una iglesia, y otros mas que ejercen un ministerio. No todo lo que parece que viene de parte de Dios, es real y verdadero. No todo lo que brilla es oro. «en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;» 2 Corintios 11:26.

¿Cuántas veces como miembros asistentes nos hemos sentido traicionados, abandonados y olvidados por líderes religiosos en quienes creímos un día y esperábamos apoyo, ayuda y comprensión? ¿Y qué de los que teniendo un ministerio viven vidas dobles y en pecado?Todo ese cúmulo de situaciones y experiencias negativas nos han enfermado espiritualmente. Es decir, no queremos saber nada que tenga olor, apariencia o semejanza a Dios. Siendo necesario y muy urgente sanar.

¿Y que de aquellas personas que con un llamado ministerial por ejemplo un pastor, un evangelista, un profeta, un maestro o un apóstol, un salmista, un diácono, un maestro de niños, un músico, etc., han sido traicionados también, siendo abandonados y olvidados por las personas a quienes han servido con amor, entrega y dedicación? Muchos de estos líderes no quieren saber nada de Dios a través del servicio a personas cristianas, porque precisamente esas personas les dañaron profundamente.

Hay personas miembros a quienes se les ha dado para que desarrollen un ministerio, se les ha entregado autoridad honrándoles delante de la congregación, pero han actuado y respondido con falta de respeto, traición, mentira e hipocresía. «Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.» 1 Timoteo 6:3-5. Y eso ha dañado, herido y lastimado por ejemplo, a muchos pastores, quienes amargados y resentidos se niegan a volver sl ministerio.

Ayudará mucho como primer paso a la salud espiritual, entender que fue la iglesia con sus líderes y miembros quienes nos fallaron. Dios no nos ha fallado. Dios sigue allí fiel y esperándonos con Su amor y comprensión. Busquemos ser sanos espirituales y dejemos de ser enfermos espirituales.

Dios, La Iglesia. ¿Quién Ha Fallado?

Es importante entonces recalcar, hay muchas servidores de Dios que se enfermaron espiritualmente, sirviendo a Dios en una iglesia. Y sus familias también fueron alcanzadas en el daño. Muchos ahora incluso dejaron de servir a Dios, y no quieren saber para nada de iglesia alguna, ni de cristianos hipócritas y mentirosos, mucho menos de líderes que viven practicando pecados. Por decirlo así, están vacunados contra congregarse siendo parte de una iglesia. Lo malo es que le han dado la espalda no solo a la iglesia, sino también a Dios. En lugar de buscar y servir a Díos, hoy hasta participan y son parte de algún pecado y maldad. Y aquí está su falla y su error, quiénes muchos incluso han caído en pensamientos y actitudes ateas. «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;» Hebreos 3:12.

Si no se sana de esas experiencias espirituales malas, será imposible volver a pensar en Dios y buscarle de nuevo, y mucho menos volver a servirle. Sane de su pasado espiritual.

El Pasado No Se Olvida. Del Pasado Se Sana

Se debe sanar del daño directo e indirecto recibido en alguna institución cristiana, llámese iglesia, seminario o universidad, librería cristiana, etc.

¿Cómo podemos sanar en nuestro espíritu? Perdonar es el primer paso de sanidad interior. Con rencores, resentimientos y amarguras no se puede,ni se debe vivir.

El Perdón Es Una Decisión

¿Está usted amargado con Dios por su mala y negativa experiencia en una iglesia? Piénselo bien, le falló la iglesia no Dios. Es tiempo de sanar su espíritu y reiniciar para comenzar su relación personal con Dios, y luego servirle de nuevo como un día lo hizo, con amor y pasión. Si usted es un adorador de Dios, será también su servidor. Empieze por adorarle en espíritu y en verdad, volviendo su corazón a Dios. «Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.» Lucas 4:8. Así es, entendió muy bien: Primero adoro a Dios, en medio de la adoración en espíritu y en verdad soy sanado, para entonces después servirle de nuevo a Dios. ¡Somos siervos de Dios en función de servir a Sus hijos!

La salud espiritual es algo muy diferente a la salud mental y a la salud física.

• Francisco Gudiel – FG –

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