La relación personal e íntima con Dios, es vital para cada persona. Los resultados y efectos de una activa y dinámica relación, serán visibles y palpables a cualquiera que conviva con esa persona. Por lo mismo, sólo que al revés serán también visibles y palpables los resultados, al haber una pobre o nula relación. Es así de simple y claro. «Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.» Salmos 16:11.

Para el Señor Jesús es clave, determinante y muy importante, la clase de relación que se tenga con él.  Entonces sin perder de vista ésto, veamos que quiso decir Jesús cuando dijo;. «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.» Mateo 10:37-38. No se trataba de estar en contra de la familia en sus planes y propósitos. Mucho menos ser indiferentes a sus problemas y necesidades, porque después de Dios, la familia es lo más importante.

El centro a donde Jesús apunta es ser dignos de El. La Real Academia Española define digno a alguien merecedor de algo, que tiene dignidad y se comporta con ella. Y Jesús lo explicó con una parábola. «El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas estos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.» Mateo 22:2-8. ¿Por qué no fueron dignos? Los convidados recibieron una invitación, pero ellos tenían otros asuntos que atender, más importantes para ellos que el banquete del rey. Por eso no asistieron. Por eso no eran dignos.

Amar a padre, madre, hijo o hija más que a Jesús, es hacer primero lo que nos pidan ellos, desobedeciendo a Dios. En el huerto del Edén hubo una clara instrucción. «Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.» Génesis 2:15-17. Y cuando Eva es engañada por Satanás en la serpiente, ella convence a Adán a comer también. «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» Génesis 3:6. ¿Por qué comió Adán? Porque amaba a Eva más que a Dios.

Se volvieron indignos de vivir en el lugar especial que Dios les hizo, perdieron la dignidad y confianza de Dios en ellos y fueron expulsados del privilegiado lugar. «Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.» Génesis 3:24.

No es malo que el esposo ame a su esposa, ni que ella le ame a él. Lo malo es amarle a ella o a él más que a Dios, dando lugar a la desobediencia de Dios. Jamás la obediencia al esposo está sobre la obediencia a Dios. «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.» Efesios 5:22-24. Hay un orden que establece la decisión para obedecer o no. «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.» 1 Corintios 11:3.

Amar a los hijos es un privilegio, un derecho y un deber. Igual lo es amar a los padres. «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.» Colosenses 3:20-21. ¿Qué motiva esto en padres e hijos? El amor que existe entre ellos. Pero ese amor no es para hacerce el desentendido e ignorar los peligros y riesgos de sus necesidades y torpezas.

Y es aquí donde empieza el verdadero y real problema entre los miembros de la familia. Porque cuando se ama a Dios más que a la familia, se pierde el entendimiento y la relación familiar, cayendo incluso en enemistades por causa del evangelio. «No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.» Mateo 10:34-36. Obedecemos a Dios y Su palabra primero. Agradar a la familia es secundario, no es falta de amor, desinterés o indiferencia. Reconocemos en la pareja, padres e hijos lo bueno, lo justo y lo correcto en ellos; pero también lo malo, lo injusto y lo incorrecto. No es pelear o dividir a la familia por la religión, sino mas bien es dividir a la familia sí, pero por valores y principios de vida para vida. Es buscar salvar a los que amamos del pecado, del castigo al mismo y como resultado final, salvarles de la condenación eterna. ¿Qué es un enemigo? The Free Dictionary by Farlex define enemigo a alguien que se opone o es contrario una cosa. Persona que desea o hace mal a otra. El que le tiene mala voluntad a otro y le desea o hace mal. Es decir, no se puede esperar nada bueno ni agradable de un enemigo, y en eso se convierten muchos de nuestros familiares, cuando por causa del Señor Jesús no hacemos lo que ellos nos piden y esperan de nosotros. Pero a pesar de… y en medio de… les amamos aunque hayan escogido ser nuestros enemigos. «Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.» Lucas 6:27-28.

¿Cómo aceptar y mucho menos avalar lo malo y pecaminoso en quiénes amamos? No es posible porque no queremos sean infelices mientras vivan en la tierra, como tampoco deseamos pierdan su vida eterna. Y si por eso se enemistan con uno, pues que se enemisten. No pueden obligarnos a ir en contra de nuestro amor y fidelidad a la palabra de Dios, con tal que estén contentos. Para nosotros Dios es primero. Lo que sí es cierto, es que no todos los miembros de una familia tienen fe en Dios y en Su palabra.

Por supuesto no es fácil ni sencillo apartarse y poner distancia con esos familiares enemigos. Les amamos, son nuestra carne y sangre familiar, les valoramos por lo que han llegado a ser en la vida, pero si es imperativo poner distancia, se tiene que poner distancia. Hacerlo traerá sufrimiento y dolor emocional, pero estamos dispuestos a sufrir. «y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.» Mateo 10:38. Tomar es en forma voluntaria coger o asir con la mano una cosa u objeto. La cruz es símbolo de sacrificio y esfuerzo en hacer algo necesario pero molesto e incómodo. Sin tomar esa cruz no se puede ir atrás de Jesús siguiéndole. Aprendamos a sufrir por Cristo, y amando a Jesús más que a la familia, es una forma de saber si realmente hemos nacido de nuevo. Es una forma de saber si estamos, creemos y practicamos la verdad. Vale preguntarnos, ¿Estamos dispuestos a renunciar a las relaciones inseparables por nuestra fe?

Si por no sufrir ni padecer nos interesa darle el primer lugar a la pareja, a los padres o a los hijos, a la nuera o a los suegros, realmente estamos perdiendo nuestra vida y la de ellos. «El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.» Mateo 10:39. Cuando alguien por sus valores y principios se mantiene fuerte, firme y estable es digna de admiración, aunque en el momento no lo vea ni lo sienta así por la reacción del familiar enemistado. Tiene muchas más oportunidades de ser escuchado quien tiene éxito y felicidad. Tambíen es más fácil que se le ponga atención a alguien que se vuelve confiable por la firmeza en su testimonio. Porque es un ejemplo de que obedeciendo a Dios, se alcanzan resultados. Es un ejemplo de lo fuerte y firme que se hace uno en Dios. Es un ejemplo de la estabilidad que se obtiene en el diario vivir.

No temamos a nada, sea lo que sea, ni a nadie, sea quien sea. «31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» Romanos 8:31-37.

• Francisco Gudiel – FG –

Deja un comentario

Publicación Anterior

PUBLICACIONES RECIENTES

CITA DE LA SEMANA

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»

Salmos 119:105 RVR1960