En algún momento de nuestra vida, alguien hizo o no hizo algo a nuestro favor. Al grado que hoy somos, estamos y tenemos por la acción de ese alguien, quien fue instrumento en la mano de Dios para nuestro bien actual.

Ser agradecidos hacia esa persona, es la reacción natural, sana y madura. «Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.» Colosenses 3:15. La paz que tengamos juega un papel importante en ello.

De lo contrario, seremos malagradecidos o desagradecidos. El malagradecido actúa mal contra quien le ayudó, siendo desleal llegando hasta la traición si le fuera posible. El desagradecido carece de la capacidad de agradecer, se siente y piensa merecedor de todo, sin darle crédito a ese alguien, siéndole indiferente la otra persona.

El agradecido reconoce y aprecia lo recibido, como la presencia de alguien en su vida, un favor, un regalo, o una oportunidad.

El agradecido lo expresa con palabras, gestos, obsequios, respeto y honor. Al agradecer, el bienestar personal y las relaciones interpersonales son fortalecidas. «Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?» Lucas 17:15-17.

¿Qué hace a alguien malagradecido o desagradecido? La amargura y el resentimiento qué tenga por las adversidades. Piensa que esa persona quien le ayudó y apoyó, es perfecta y no se equivoca, ni comete errores. Pero no es así, es un ser humano. Es decir, sujeto a fallar cuando menos se espera.

El desagradecido olvida o ignora lo recibido en el pasado. «Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos en derredor; ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.» Jueces 8:34-35.

Cuando se siente y se tiene gratitud, esta se manifiesta libremente; sin presiones, reclamos y mucho menos amenazas. La gratitud fluye de una forma simple, sencilla y natural. No es fingir o aparentar por educación o conveniencia. Se tiene o no se tiene gratitud. Se es o no se es agradecido.

Al igual que el perdón, la gratitud mas que un sentimiento o una emoción, es una decisión. Uno decide hacer a un lado la malacrianza recibida en casa, como también la amargura y resentimiento. ¡Entonces es cuando agradecemos!

Búsque a quien fue pieza clave e importante en su vida, para lo que usted es, está y tiene hoy. Y muestre su agradecimiento con hechos y con palabras.

¡Sea leal. Sea fiel.! Crezca en su hombre interior. Recuerde: No se muerde la mano de quien nos ha dado de comer.

• Francisco Gudiel  – FG –

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