Es normal y natural en el ser humano no querer sufrir. Y para evitarlo somos capaces de vivir autoengañados. Pero ¿Valdrá la pena fingir o aparentar que todo está bien cuando todo está mal? Porque hacerlo es vivir una mentira.

Hay dos formas de mentir. Una cuando se dice lo que no es cierto. La otra cuando no se dice lo que sí es cierto. La IA define la mentira como una expresión o acción contraria a la verdad, es decir, algo que no es verdad, y puede ser una manifestación de una falsedad conocida o una invención.
Todos sin excepción hemos mentido a alguien, o alguien nos han mentido alguna vez. Nadie se escapa de esta dura realidad. El ser humano miente por naturaleza, ya sea por conveniencia o por temor. Aunque por supuesto se puede sanar y así superar de ser una persona mentirosa.
La entrega a Dios de nuestra mente, voluntad, sentimientos y emociones, abren la puerta a la sanidad. «No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,» Colosenses 3:9-10. Podemos dejar de ser mentirosos y volvernos personas veraces.
Además también podemos dejar de aceptar mentiras que sabemos lo son. A veces sabiendo que nos mienten, preferirnos creer lo que no es. No queremos sufrir, y es cuando escogemos vivir una mentira, engañándonos a nosotros mismos. Hacemos lo del avestruz, que esconde la cabeza en la tierra y deja todo el cuerpo al descubierto a la vista de cualquiera. Y cuando hacemos eso, vivimos en esclavitud emocional y sentimental. Dejamos de vivir felices por aparentar algo que no es real ni genuino en nuestra vida, relación de pareja, estudio, trabajo, iglesia, etc.
Jesús dijo a quienes le escuchaban, «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Juan 8:32. Por supuesto se refería a El como la verdad única y auténtica. Pero podemos aplicarlo a todo aquello que tenga que ver con todo lo contrario a la mentira, siendo claro y tajante: La verdad al principio duele, pero al final nos hace libres.
¿Quiere seguir viviendo una mentira que ni usted mismo se cree y que le hace infeliz? O realmente, ¿Quiere ser libre y entonce ser feliz de verdad? Usted tiene la solución.
Debe actuar lo mas pronto posible. Lo primero es dejar de tener temor a lo que vendrá y miedo a las personas que enfrentará, y por consiguiente prepararse al sufrimiento que llegará. ¿Su objetivo? Lograr que ese sufrimiento sea lo mas temporal posible, arreglando todo a su alrededor.
Segundo, reconozca la realidad de la situación que vive. No siga con el autoengaño, arranque la mentira que por tanto tiempo ha dejado plantar en su mente y corazón. Si la reconoce estará listo para el siguiente paso.
Tercero, acepte que le han mentido, engañándole con palabras, acciones y actitudes mentirosas, las cuales cuando ocurrían le animaban y motivaban para luego caer de nuevo en lo mismo. Usted en el fondo sabía la verdad, pero por no sufrir, por no perder, por evitar la soledad aceptó esa mentira como si fuera verdad.
Cuarto, deje de poner como excusa o razón para seguir sufriendo así, a los hijos, la familia, el dinero, la casa, a Dios, a la iglesia, etc. Es tiempo ahora de actuar en la verdad que acaba de reconocer y aceptar. Cierto eso sí, duele y mucho. Pero no olvide: La verdad al principio duele, pero al final nos hace libres.
Haga lo que tenga que hacer para salir de la esclavitud mental y emocional. ¡Actúe ahora mismo que la verdad le ha dado el valor y la determinación para revelarse a sí mismo! Busque y pida ayuda, ya que usted solo no podrá perdurar en la toma de decisiones y sus respectivas acciones. Necesita ahora consejo y orientación sabia, certera y oportuna. Le dolerá sí, pero le hará totalmente libre.
• Francisco Gudiel – FG –
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