Somos seres pensantes, racionales y con voluntad propia. No somos robots mecánicos sin criterio alguno. Somos humanos. No somos cualquier cosa, somos la creación de Dios. «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» Génesis 1:27.

Entonces ¿Por qué permitirnos caer en estados emocionales de derrota, fracaso, temor y cobardía? Pensar en la traición no es el camino, mucho menos pensar en el suicidio. O dar lugar a la idea de abandono de personas, proyectos y metas tampoco. No fuimos creados para ser perdedores, sino para ser ganadores, y en Cristo Jesús es una realidad que muchos vivimos hoy día. Usted puede experimentarlo también. «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» Romanos 8:37.

Entonces vale preguntarse, ¿Qué produce esas ideas y pensamientos que se vuelven obsesivos? Es probable tengamos el problema de asumir siempre el papel de víctimas.  Creemos que eso nos pasa solo a nosotros, a pesar que nos creemos personas buenas y correctas. Nos cuesta entender nuestra realidad. No la aceptamos.

Probablemente no hemos aprendido a enfrentar las circunstancias con valor y determinación. Esas dos actitudes ante la vida son claves y concluyentes, para resolver cualquier circunstancia en la vida.

Se requiere valor para aceptar nuestros defectos, nuestros traumas, nuestras falencias y carencias sin que nos detenga y paralice la vergüenza. Porque por naturaleza nos creemos y sentimos ser lo mejor. De allí la necesidad de que el valor sea nuestra primera virtud. Y cuando comenzamos a pensar y aceptar nuestra realidad, es el valor personal que nos lleva a hacerlo. ¡Somos valientes!

El valor nos hace enfrentarnos a nosotros mismos, con todos los riesgos y situaciones difíciles y complicadas. No cualquiera lo hace, buscando mejor evadir la realidad al ignorar todo haciendo a un lado la verdad. Es mucho mas fácil y común ser cobarde e irresponsable, pero no es el camino. «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.» 2 Timoteo 1:7. Solo así sabremos qué y cómo hay que hacer para salir victoriosos.

Pero también se requiere determinación para una vez iniciado el qué y el cómo, terminar lo empezado. Porque no será fácil corregir lo que tenga que corregirse, ni continuar haciendo lo que se tenga que hacer con firmeza y ánimo, cuando llegue el desánimo y el desaliento.

Esta es la parte en cual la mayoría de las personas, se quedan y por lo mismo se vuelven perdedores. Sobre todo cuando no ven los resultados inmediatos que creyeron según las expectativas creadas en sus mentes. Es aquí cuando encorvan la espalda, bajan los brazos y agachan la cabeza, desilusionados y desmotivados. Incluso pueden llegar hasta dejar se creer en Dios porque pierden la fe.

Ahora bien, debemos recordar que todo tiene su fecha de inicio, su tiempo del proceso y su fecha de caducidad. Entendiendo que cuanto dure el proceso, dependerá de lo que sí hagamos y de lo que no, porque los resultados no llegarán solos, ni caerán del cielo.

¿Qué no ha hecho aun para arreglar la situación? Pues eso mismo hay que empezar a hacer y ya, para que hayan resultados deseados y esperados.

¿Qué continúa haciendo aun que cuando lo hace, se complica mucho mas todo y se desarregla más la situación? Pues eso mismo hay que dejar de hacer y ya, para que hayan resultados deseados y esperados.

«Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; Tu diestra me sustentó, Y tu benignidad me ha engrandecido.» Salmos 18:32-35.

Así que si ya empezó continúe. No se detenga. No se rinda. Mientras hay vida hay esperanza.  Siga haciendo lo justo y debido según sus circunstancias y adversidades. Siga los consejos de su consejero, paso a paso sin omitir o modificar alguno. Es seguir un manual o instructivo ya sea escrito o mental. Un paso a la vez pero si dejar de hacerlo ni un sólo día.

• Francisco Gudiel – FG –

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«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»

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