Alguien quejándose de lo insoportable que se le había convertido su diario vivir, se quejaba de algo que le había sucedido. Lloraba, pataleaba y golpeaba la pared. Al ver cuánto y cómo sufria entonces le pregunté, ¿Cuándo te sucedió eso? Yo esperaba en su respuesta un tiempo corto en dias, pero la explicación recibida me dejó estupefacto: Hace veinte años. Mi reacción fue inmediatamente exclamar, ¡¿Cómo?! Por supuesto comprendí que esa persona, estaba con los recuerdos del pasado muy vivos, como si le acabaran de suceder.

Las heridas ya sean psicológicas, verbales o físicas dañan profundamente. La profundidad como el alcance de tales heridas, es inimaginable. Y por lo mismo son también, las reacciones y resultados en la mente y el corazón de la persona que sufrió el vituperio, la ofensa, el abuso, el maltrato. Usted, ¿Cómo reacciona cuando recuerda algo malo o feo del pasado? ¿Llora? ¿Se enoja? ¿Se deprime? ¿Le baja la autoestima?
Los recuerdos surgen cuando llegan los pensamientos que nos hacen vivir de nuevo. Allí está presente el momento pasado, el lugar, la circunstancia, la persona. Una mente y un corazón que día a día, mes tras mes y año tras año guarda el daño recibido y no sana, es una bomba de tiempo a punto de explotar. Es alguien que entre más calla, entre más aguanta sin poder liberarse, en cualquier momento reacionará peligrosamente fuera de control. La amargura y el resentimiento hacen nido en su ser interior. Tiene una mezcla de cólera, miedo, dolor emocional y sentimental que incluso le puede llevar al odio.
Y sin tener el espacio, la forma y el tiempo para sanar, muchas veces continúan recibiendo las acciones injustas complicando todo aún más. Acciones que se desea paren totalmente para tener y vivir en paz y armonía.
Esto sería mas fácil y sencillo si la persona que daña reconociera su error, pidiera perdón y no sólo prometiera cambiar, sino lo hiciera de verdad, porque contribuyera a sanar esa mente y ese corazón destruido. Lamentablemente no siempre es así, al reincidir en lo mismo una y otra vez.
Entonces ¿Qué puede hacer la persona herida? Su prioridad no es la persona que le hiere, sino ella misma. Su meta debe ser dejar de pensar y sentir dolor, odio, vergüenza y amargura por lo vivido. Siendo su primer paso buscar a Dios. Pero, ¿Qué debe buscar en Dios? Su sanidad de mente, emociones, sentimientos y voluntad. Sólo el amor, el poder y la autoridad de Dios en la vida, llevan a la sanidad mental real y justa. Una cosa es la paz con Dios, y otra es la paz de Díos.
La paz con Dios se obtiene cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;» Romanos 5:1. Y la paz de Dios cuando lo reconocemos como nuestro Señor, obedediéndole. «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» Filipenses 4:7, y por lo mismo, alcanzado sanidad mental, emocional y física. No queda nada por fuera.
Se necesita una paz que sobrepase la realidad que duele, entristece y deprime. Es decir, no inventamos, no creemos ni imaginamos, es real y verdadero lo vivido. La Real Academia Española define entendimiento como: Potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce. Es decir nada se escapa de la realidad vivida y el dolor recibido ya sea psicológico, verbal o físico. Hay conciencia plena de todo.
Siendo entonces necesaria la paz con y de Dios. Esa paz producirá una sanidad de pensamientos, emociones y sentimientos. Así ya sanos del pasado, al recordarlo no lloraremos, no nos enojaremos, no nos deprimiremos, no se nos bajará la autoestima.
El pasado no se olvida, allí estará siempre. Del pasado se sana para un presente libre y prometedor. No busque olvidar, busque sanar. Comience teniendo a Dios activo en su mente y en su corazón.
Cuando el pasado no le afecte el presente, usted ha sido sanado de él. Teniendo la paz con Dios y recibiendo la paz de Dios, duerma bien, coma bien, ejercítese bien. Disfrute la vida. ¡Lo que viene es fabuloso e impresionante!
• Francisco Gudiel – FG –
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