La vida está llena de grandes desafíos y a la vez de retos. Cada día es una oportunidad para ser mejores que el día anterior. Por eso nos despertamos con ánimo de emprender una vez más, aquellas cosas que deseamos y no hemos alcanzado aun. Vivir es una experiencia bella y desafiante.

Una de las cosas que hemos aprendido es crecer en el ser interior, porque eso nos abre la oportunidad de ser mejores. Y este simple pero a la vez profundo hecho, nos hace reconocer que en algo no estamos actuando bien. En algo estamos fallando.

Eso sí, es clave y determinante no caer en una actitud de culpa. Tampoco volvernos críticos empedernidos de los demás, al sentirnos y creernos que somos perfectos. «Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.» Romanos 12:3.

Wikipedia define la cordura a un estado mental cuando una persona es prudente y sensata, opuesta a la locura.

Debemos ser y estar conscientes de lo que somos. Aceptarlo es el resultado personal de reconocerlo primero. No hacerlo así, nos lleva a pensar que sólo los demás fallan, que sólo los demás se equivocan, inclusive caer en la farisaica actitud de que sólo los demás pecan. El mundo y las iglesias están llenas de ese malsano espíritu religioso, perfeccionista e hipócrita. ¡Eso hace mas daño que bien!

Muchas personas son de las que lanzan la piedra y esconde la mano, siendo de esas que murmuran a espaldas de la gente. Otros son prepotentes y abusivos con los «pecadores «, menospreciándolos y humillàndoles en público y abiertamente sin misericordia. Haciendo de este mundo un lugar de acusaciones y señalamientos, cayendo hasta en la difamación y la calumnia.

¿Quién de nosotros no ha fallado, equivocado o pecado alguna vez? «Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.» Juan 8:7. ¿Podríamos arrojar la primera piedra?

Somos seres humanos falibles e imperfectos. Estamos llenos en nuestra mente y corazón de tantas cosas no buenas. «Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.» Mateo 15:19. Basta con ser sinceros con nosotros mismos y traer a la memoria épocas pasadas. Dijimos e hicimos, no dijimos o no hicimos. ¿Entonces?

No. No podemos set el primero en lanzar la piedra, salvo que fuéramos mentirosos e hipócritas.  «Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.» Juan 8:9. ¿Quién allí era libre de pecado? Nadie.

La conciencia es el mejor testigo contra nosotros, y la llévanos dentro a donde quiera vayamos. Esa conciencia activa nuestros razonamientos que nos acusan y nos defienden. «mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,» Romanos 2:15. Sólo uno sabe en que ha pecado, cuánto tiempo y veces lo ha hecho, dónde y con quién.

Así que, si usted es de aquellos que tienen una lengua tan larga que les llega al suelo, échela hacia atrás sobre sus hombros a la espalda, no sea que se tropiece con ella y se caiga. Porque si no puede lanzar la primera piedra … ¡Cállese y deje de caer tan mal!

• Francisco Gudiel – FG –

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