Cada familia está luchando día a día por crecer en sus logros y éxitos. Los padres queremos ver a nuestros hijos ser prosperados mucho mas allá de nosotros. Yo en lo personal pido a Dios eso para mis hijos. Y al verles triunfar, me alegro y me siento orgulloso de ellos.

Los hijos crecen y se desarrollan en sus metas, sueños y propósitos. Pero no siempre podemos intervenir en todo lo que dicen y hacen. El respeto para ellos y la aceptación de sus metas, incluye siempre nuestro apoyo y ayuda. Entendiendo los límites que como padres tenemos con nuestros hijos, cuando ya son mayores de edad. Les amamos, les admiramos y les respetamos.

Creo firmemente que los padres, entiéndase papá y mamá, inspiramos en la vida a nuestros hijos, ya sea para el bien o para el mal.

«A Qué Inspiramos A Nuestros Hijos» https://vidaparavida.blog/2025/10/17/a-que-inspiramos-a-nuestros-hijos/

Por lo mismo, sin pretender anular su voluntad y mucho menos gobernarles porque los haríamos dependientes e inútiles, sí podemos mostrarles la ruta adecuada de la vida. Y la más importante y clave ruta, es la espiritual de relación con Dios. Sin importar la edad, todo lo que hagamos como lo que dejemos de hacer, incidirá en su futuro. «Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.» Josué 24:15.

La frase «pero yo y mi casa«, habla de determinación y de carácter. Determinación porque se sabe que sí y que no se desea y debe hacer en la vida. Carácter porque explica la voluntad puesta en acción, en base a los principios y valores que se tengan.

Josué no estaba dispuesto a que su familia se perdiera en el humanismo sin sentido y superficial que se cree en muchos círculos. El deseaba que tanto su esposa como sus hijos, conocieran y amarán a Dios, al punto que le sirvieran con amor y gratitud. Porque la inequívoca medida del nivel de relación con Dios, es cuánto nos involucramos en Su servicio en función de los demás seres humanos.

Al decir «pero yo y mi casa» lo manifestó sin dejar duda alguna. Sabía lo que quería. Sabía qué y cómo hacerlo, y estaba dispuesto a llevarlo a la práctica en la vida de su familia. Es decir, tomó en cuenta a todos y cada uno de los miembros de su familia. Y eso nunca ha sido fácil ni sencillo llevarlo a la práctica diaria en la vida.

Tenía convicciones fuertes, firmes y estables, en base a las cuales tomaba decisiones. «pero yo y mi casa serviremos a Jehová». No tenía dudas. Y aunque sabía que no sería fácil, estaba dispuesto a pagar el precio para lograrlo con éxito. Porque la primera oposición viene de la propia familia, que no entienden la importancia de la relación personal con Dios.

Ahora bien, es bueno, sabio y sano estar muy concientes que entre más temprano ocurra esa enseñanza de los padres, los hijos serán formados a buen tiempo en la fe, valores y principios cristianos. Y es aquí donde la decisión de Josué fue determinante para su familia.

Es cierto que el hombre tiene un lugar especial en la familia. «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.» Efesios 5:23-25. No es jefe que ordena esto y lo otro, esperando una obediencia ciega y muda de esposa e hijos. Es mucho más que eso. Es ser líder en busca del bienestar total de su familia. Por eso Josué dijo. «pero yo y mi casa». El tomó esa posición de liderazgo, él va adelante siendo el primero, luego la esposa y a continuación los hijos.

La posición de Josué como cabeza y líder de de su casa, fue abordada por él con madurez y responsabilidad. Porque no se trata sólo de ejercer autoridad e imponer voluntad sobre la esposa e hijos, ignorando sus necesidades y metas personales de ellos. Muchos hombres creen que ser varón es mandar, ordenar y esperar obediencia absoluta. «Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.» 1 Corintios 16:13. En la familia nadie es robot de nadie.

En la familia cada quien tiene sus propias responsabilidades y también sus propios derechos. Responsabilidades que se deben cumplir y derechos que se deben respetar. En la familia cada quien tiene y ocupa un lugar único que nadie puede ni debe estorbar y limitar. Y el papel del padre como varón, no habla de machismo subyugante, sino de liderazgo. Por supuesto se espera una actitud de obediencia y no de rebeldía de la madre como mujer. «Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.» Efesios 5:33.

En ausencia del padre, es la madre quien debe ser esa líder que tiene por delante el futuro de sus hijos. Ahora si el padre está presente, debe buscar cumplir con su función principal, la cual es llevar a la familia a Dios. Difícil tarea sí, pero no imposible.

• Francisco Gudiel – FG –

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