Vivir es una experiencia llena de momentos buenos algunos, malos otros. Pero a pesar de… y en medio de…, vivir es algo maravilloso, en donde cada día hay retos a alcanzar. A mí me gusta vivir enfrentando y resolviendo esto y aquello, lo uno y lo otro. Hacerlo es estar y sentirse vivo.

Pero ¿Acaso pensamos en la muerte? Raras veces lo hacemos, siendo probable nunca lo hagamos. Incluso podríamos creer que después de la muerte, no hay nada y que todo termina aquí en la tierra.

Existen dos etapas en la existencia de los seres vivos: La vida en la tierra y la vida después de la muerte. Nadie escapa a esa realidad. «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.» Filipenses 1:21. La Biblia la palabra escrita de Dios, lo enseña muy claro sin duda alguna. Y la parte que abre esa reveladora esperanza es la frase: «el morir es ganancia».

Entonces si voy a morir un día, me interesa saber que tendré después de morir. Y sobre todo, ¿Cómo es que lo alcanzaré a tener?. Porque la muerte para algunas personas será ganancia, y para otras será pérdida. La ganancia o la pérdida serán el resultado de decisiones espirituales tomadas. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16. La vida eterna será el resultado de creer en Jesucristo el unigénito hijo de Dios. Y la ausencia de la misma, será el resultado de rechazar a Jesucristo.

Las decisiones personales y voluntarias que tengamos en la tierra, junto a nuestras acciones lo determinarán. Como seres pensantes y libres para determinar nuestro destino, somos los únicos responsables de nuestros resultados temporales como de los eternos. Nadie nos obliga a ir en contra de nosotros mismos, todos tenemos voluntad. «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.» Eclesiastés 12:13-14. ¿De qué es Dios responsable? De nada. Nosotros somos los únicos responsables de lo que somos, de dónde estamos y de lo que tenemos.

«El vivir es Cristo», es la frase que define y determina sin equivocación alguna, la clase de vida que debemos tener mientras estemos en la tierra. «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Romanos 12:1-2.

Dios nos creó, nos abrió el camino de comunicación con El, y espera nuestro amor y nuestra obediencia. Si no somos necios, orgullosos ni soberbios, lo que viene después de la muerte, es vida eterna. Esa es la ganancia al morir. Siendo el contenido y la calidad de esa vida eterna, algo muy especial, que no tiene competencia ni comparación alguna con los placeres y las riquezas terrenales. Vivir en la tierra es bello, pero le supera la eternidad con Dios.

La eternidad de vida en Dios es ausencia de dolores, penas y tristezas. «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.» Apocalipsis 21:4. El propósito de Dios es una vida libre de toda expresión actual terrena de los que aún vivimos en la tierra. Ya allí la ganancia es grande y satisfactoria a plenitud. Y eso lo comenzamos a experimentar desde el mismo instante de la muerte, siempre y cuando por supuesto nuestro vivir en la tierra haya sido Cristo. Aquí no hay cómo y dónde perderse. «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;» Filipenses 1:21-23.

La muerte física es hacer volver el cuerpo a la tierra. «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.» Génesis 3:19. Cuando somos sacados del cuerpo, ¿a dónde somos llevados.? A la presencia del Señor Jesús. «Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.» 2 Corintios 5:6-8.

Morir físicamente no el fin de todo. Es su principio, es el inicio para lo que fuimos creados y puestos en la tierra.

• Francisco Gudiel – FG –

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