Estamos consentes que los extremos en todo, son negativos y destructivos. «No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?» Eclesiastés 7:16-17. Los extremos llevan a la muerte prematura.

Desde el trato y cuidado familiar, hasta el clima que se vive en la tierra, es ineludible el peligro de los extremos. Si no somos realistas, justos y prácticos, caeremos en ellos sufriendo sus consecuencia. Ser equilibrados nos evita caer en los extremos, por eso tomamos tanto de esto y también.de aquello, no únicamentede una cosa. «Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.» Eclesiastés 7:18. Y la educación de los hijos es uno de los ejemplos a mencionar, siendo la familia después de Dios, lo más importante.

Todos tenemos familia a la cual amar, admirar y velar por ella. Y entre ellos tenemos hijos, nietos, bisnietos según la edad que tengamos. Además de Dios son la razón y la motivación de nuestro diario vivir. «He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.» Salmos 127:3. Dios nos ha dado de lo suyo a nosotros con un propósito, que los formemos y guiemos en la tierra. Sus logros y éxitos nos alegran, como sus luchas y fracasos nos preocupan. Y eso es lo normal y natural en nuestro papel de padres, abuelos y bisabuelos. Podemos ser útiles en las manos de Dios para continuar su cuidado y protección espiritual, almática y física.

Y es aquí cuando ya sea por nuestro criterio, carácter, inseguridad, temores o dudas; se puede caer en descuido o en sobreprotección. Siendo determinante primero sanar de nuestro pasado y así encaminarnos a ser instrumentos de vida para vida. No podemos ser indiferentes que descuidan, ni alcahuetas que sobreprotegen. Ambos extremos dañan y destruyen el carácter, lo único que nuestros hijos, tendrán y podrán usar sin estar nosotros allí presentes. Somos llamados por Dios a formar su carácter.

Carácter: Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás.

• Real Academia Española

El carácter se forma día a día, desde que se nace hasta que se muere. Según los expertos los primeros siete años de vida, son la base del mismo. Cada vivencia experimentada cada día, aporta a la formación y desarrollo del carácter. «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.» Efesios 6:4. Pero de igual manera si es negativa la vivencia, contribuye al freno y al deterioro del mismo. Y es entonces cuando el descuido y la sobreprotección dañan más. Según la RAE, criar es instruir, educar y dirigir.

.El descuido hacia los hijos es el resultado de la indiferencia y la irresponsabilidad. Su mal efecto es sentirse no amados, no cuidados e ignorados, lo cual les vuelve amargados y resentidos. Además que se les expone a riesgos y peligros grandes al no prestarles atención y cuido. «Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma.» Proverbios 29:17. No corregirlos es ignorarlos, es hacerse como que no vemos aún estando a la par. Es como abandonarlos, viendo para otro lado cuando percibimos el peligro para ellos.

Pero regañar y amenazar por todo y en exceso, vuelve al hijo alguien temeroso e inseguro. El no sentirse amado, valorado e importante, provoca que el hijo se sienta únicamente utilizado. «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.» Colosenses 3:21. Según la RAE, exasperar significa, lastimar, irritar, una parte dolorida o delicada. Siendo lo contrario instruir. «Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.» Proverbios 22:6. La instrucción no es un regaño.

La misma Real Academia Española define instruir como, dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta. Instruir requiere amor, paciencia y tiempo, siendo ese el mayor y mejor patrimonio que podemos y debemos darle a nuestros amados hijos, nietos, bisnietos, etc. Recuerde ellos no pidieron nacer, usted con su pareja los formaron y los trajeron a esta tierra. Por lo tanto seamos serios y responsables con ellos todos los días de sus vidas.

La sobreprotección es el resultado del excesivo cuidado, por temor a que sufran o que se lastimen. No les corregimos para que no se enojen, molesten o entristezcan. O caemos en el error de hacerles todo, para que no se cansen mas, ya que vienen de estudiar o de trabajar. El efecto es que se vuelven personas inválidas emocionalmente, creyendo se merecen les den y hagan todo; o incluso pudiéndoles llevar a creer y sentirse incapaces e inútiles de hacer esto o aquello. Se hacen dependientes aun para las cosas más sencillas de la vida, o se vuelven personas que actúan con prepotencia y  abusivez con sus padres. «El que hiriere a su padre o a su madre, morirá.» Éxodo 21:15.

El problema está en que podemos dejar de instruir del todo por abandono, o hacerlo excesivamente por sobreprotección.  En ambos casos extremos dañamos. De allí la importancia de saber en que sí y en que no instruir, para no fallar cayendo en extremos. «La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.» Proverbios 29:15.

¿Cuándo empieza el padre o la madre su descuido o la sobreprotección? Desde los primeros años de  vida de sus hijos, aún desde el vientre materno. «[21 El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra; Y el padre del necio no se alegrará. [25] El hijo necio es pesadumbre de su padre, Y amargura a la que lo dio a luz.» Proverbios 17:21,25. El exceso por sobreprotección, como la ausencia por descuido en la corrección, producen necedad. «Como perro que vuelve a su vómito, Así es el necio que repite su necedad.» Proverbios 26:11.

Todos los que hemos sido padres hemos caído en cualquiera de estos dos extremos en algún momento. No somos perfectos. ¡Si pudiéramos regresar el tiempo lo haríamos, para actuar sin descuido ni sobreprotección! Pero usted que aún está a tiempo, ¿Por qué no lo hace? Actúe ya y déje de hacerse la pobre y sufrida víctima del mundo.

Haga huir la necedad de la mente y corazón de sus hijos, nietosy bisnietos, antes que llegue alguien mas y lo haga por usted. «El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, Y la vara para la espalda del necio.» Proverbios 26:3.

¡Gracias Dios por los hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos -los que los tengan-, que nos has dado! Son una bendición para nuestras vidas y nuestros ministerios.

• Francisco Gudiel – FG –

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CITA DE LA SEMANA

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»

Salmos 119:105 RVR1960