Existen básicamente dos clases de guerra. La física entre dos ejércitos que defienden intereses y territorios. La otra guerra es la espiritual cuyo propósito es hacernos vivir victoriosos rn la voluntad de Dios.

Las guerras entre naciones y reinos, tiene su raíz en la avaricia, el odio y venganza en los seres humanos.  » ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» Santiago 4:1-3.

La guerras espiritual, tiene su raíz en la rebelión de Satanás y su expulsión del cielo junto a la tercera parte de ángeles. «Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.» Apocalipsis 12:7-9. Aquí Satanás como enemigo de Dios, es también nuestro enemigo que busca constantemente nuestra destrucción y muerte. Satanás no está contento con vernos libres del pecado y maldad. Le enoja y molesta mucho vernos libres y sirviendo a Dios.

Dios nos creó y también nos salvó con un propósito claro y definido. «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Romanos 12:2. Día a día nuestra meta es que nuestro entendimiento sea transformado, y así comprobar cuál y cómo es lo que Dios quiere para nosotros.

Y siendo nosotros parte del reino de Dios, estamos en guerra contra el reino de las tinieblas, que se ha levantado para buscar atacarnos y destruirnos. «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.» Efesios 5:8-12.

De allí la importancia del ayuno en nuestra vida personal y familiar.  Para Jesús el ayuno es parte vital en la actitud y el accionar diario. «Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.» Marcos 9:28-29.  Tenemos poder y autoridad contra los demonios, y el ayuno potencializa dicho poder y autoridad, contra cierta clase de demonios resistentes. Hay niveles de enemigo, lo que necesita niveles de autoridad y poder.

Jesús sabía de los momentos de dolor, pena y necesidades en la vida de sus discípulos, y enseñó lo imperativo del ayuno, cuando ya no estuviera El en la tierra. «Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.» Marcos 2:18-20. Les enseñó a estar preparados para el día crítico, cuando llegan esas crisis que frenan y hasta botan a muchos hijos y siervos de Dios.

El Ayuno es nuestra arma y al mismo tiempo nuestra herramienta espiritual.  Podemos usarla para acercarnos a Dios, para buscar una respuesta, para ganar una situación dañina y peligrosa. «Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.» Esdras 8:23. Dios responde a nuestro ayuno. El ayuno mueve ls mano de Dios.

Volver el corazón a Dios en arrepentimiento es una razón para ayunar.«Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.» Joel 2:12-13.

Cuando algo nos lastima y duele mucho, como la mierte de un ser querido y apreciado. «Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa. Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las buenas nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo. Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán. Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí. Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.» 1 Samuel 31:8-13.

El ayuno es parte de nuestra adoración y servicio a Dios. «Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.» Lucas 2:36-37.

El ayuno no es un acto religioso muerto y vacío que produzca orgullo y soberbia. «Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.» Mateo 6:16-18.

El ayuno lo hace a uno fuerte, firme y estable, cuando se hace como Dios espera sea hecho. «He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.» Isaías 58:4-8. El verfadero ayuno produce resultados para quien ayuna, como también para quienes conviven con él, o se relacionen de algún modo.

Es tiempo de ayunar por cualquier necesidad, enfermedad, problema que nos afecte. De igual forma podemos ayunar por la necesidad, enfermedad y problema de alguien más en un ayuno intercesor, poniéndonod en la brecha por alguien mas.

• Francisco Gudiel – FG –

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«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»

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