
Las razones para enfermarse una persona son variadas. Muchas veces la enfermedad llega porque descuidamos nuestra salud, cuando adquirimos costumbres dañinas y destructivas al cuerpo. Los malos hábitos dan lugar a que se dañen los órganos y los sistemas del cuerpo. Considero que muchas personas están a tiempo para corregir esto y alejar las enfermedades de sus vidas, e incluso de sus amadas familias.
Básicamente hay dos razones principales por las cuales podemos enfermar.
Una para la gloria de Dios como fue el caso de Lázaro el amigo de Jesús. «Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Juan 11:3-4. Siendo aquí el principal propósito edificar y fortalecer la vida del que enferma, a través de ver actuar a Dios en forma sobrenatural en la sanidad de su enfermedad.
Pero también de quienes aman al enfermo. ¿Por qué permitió Dios la dura y dolorosa experiencia? Para una oportunidad de salvación. «Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.» Juan 11:42. Tanto el enfermo, la familia, amigos y conocidos son testigos del proceso de la enfermedad y la respuesta de Dios. Por eso cuando Dios sana de forma sobrenatural a pesar del diagnóstico que se haya recibido del médico, Dios allí es glorificado al mostrar Su amor, su poder y autoridad.
¿Sufre únicamente la persona enferma? No, Dios se glorifica también en el crecimiento espiritual, emocional y físico tanto en el enfermo como en sus acompañantes. Siendo el primer beneficiado el enfermo, ya que es quien sufre los dolores, los malestares e incomodidades. Todo esto produce dolor físico pero también dolor emocional, porque llega la tristeza, el desánimo y el desaliento. «respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.» 2 Corintios 12:8-9.
La respuesta de Dios fortalece y hace ver y sentir todo de una manera distinta. Se encuentra en la enfermedad, un propósito en la mente y corazón de Dios. Hay un por qué y sobre todo un para qué. Eso lo hemos conocido quienes en algún momento en la vida, hemos caído en alguna dolencia o enfermedad. Durante ese tiempo de angustia se crece en el ser interior, y si por designios de Dios se va a morir, Dios prepara para un bien morir. «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.» Salmos 90:12. Todos moriremos algún día, pero morir con la paz y reposo de Dios, es una gran bendición.
Y la otra razón de la enfermedad es sacarle a uno del planeta tierra, ya sea para vida eterna al creer y seguir a Cristo Jesús; o para condenación eterna por obedecer a Satanás y ser parte de su reino de oscuridad. «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.» 2 Corintios 5:10. Lo que hayamos hecho determinará el destino y la forma de existencia, eso sí bueno es tener claro que será por la eternidad.
Se puede morir y ser sacado del planeta tierra de muchas formas. Por ejemplo un accidente laboral, aéreo o de automóvil, una caída, un ataque armado, un terremoto o una súbita inundación, etc. Y por supuesto tambien por una enfermedad que se tenga ya por un tiempo, o una que aparezca en forma repentina.
¿Puede Dios sanar toda enfermedad? Por supuesto que así es. Pero no siempre El desea sanar. ¿Por qué? Porque ha llegado el momento ÿ tiempo de morir. «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; …» Eclesiastés 3:1-2. Y cuando llega ese tiempo de morir, no se puede hacer nada más que morir. De allí la importancia de estar preparados para ese instante, y así ser recibidos por Dios. Morir debería ser volver a la casa del Padre.
«Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.» Hebreos 9:27-28. Así que no le temamos a la enfermedad ni a la muerte. Recuerde que todo está bajo el control de Dios y que Él tiene en todo también, la última palabra.
En su retorno a la tierra, Jesús se aparecerá primero a Su Iglesia y la arrebatará de la tierra al cielo:
- Si estamos ya muertos, nos resucitará dándonos cuerpos glorificados.
- Si estamos vivos en la tierra, antes de arrebatarnos nos transformará con cuerpos glorificados en un abrir y cerrar de ojos.
«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.» Filipenses 1:21.
• Francisco Gudiel – FG –
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