
La Biblia la palabra de Dios, es clara y directa siempre, porque el propósito de Dios para nosotros es también así, claro y directo. El reconoce cuanto valen e importan los adolescentes y los jóvenes, y lo frágiles a caer en el engaño y la mentira. Y eso es independiente de que lo acepten o no. Por eso Dios no anda con rodeos. «Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.» Eclesiastés 11:10.
¿Por qué no hablaremos de los niños hoy? Porque los niños tienen a sus padres a su lado dispuestos a darles una mano. A esa edad, es mucho más fácil que escuchen y obedezcan. Los niños aun admiran a su papá y a su mamá. En cambio los adolescentes y jóvenes no, con el agravante que muchos padres ya se cansaron de lidiar con ellos y sus problemas, abandonando todo intento y esfuerzo por hacerles entrar en razón.
La vanidad es la actitud de quien sobrevalora sus propias habilidades, atributos y conocimientos. Esto provoca que la persona desarrolle un concepto exagerado de sí misma, que se crea superior a los demás. Por eso, una persona vanidosa pude ser considerada engreída e, incluso, soberbia.
• Enciclopedia Significados
Para Dios el corazón es donde nace y se dirige todo en la vida. «Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.» Proverbios 4:20-23. El corazón es lo que para el griego es el alma.
En el alma está la mente con su capacidad de razonar y recordar, la voluntad, los sentimientos y las emociones. Cada ser humano es un alma, a la cual le dieron un cuerpo para vivir y así relacionarse con los demás. ¿Entiende la importancia de guardar el corazón sobre todas las cosas? Del corazón brota la vida espiritual y física.
El consejo al adolescente y al jóven es claro y directo: «Quita, pues, de tu corazón el enojo«. Primero es no permitir que el enojo sea parte diaria y permanente. ¿Por qué la mayoría de los adolescentes y jóvenes viven con y en malhumor? Nada les gusta, nada les satisface, todo les molesta. Considero que es parte de la etapa del descubrimiento de la vida que da el crecimiento mental y físico.
Ese es un proceso normal y natural en todos ellos, por eso hay que educarlos y guiarlos con amor y paciencia, sin estar regañándoles ni amenazando por todo y a cada rato. «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.» Efesios 6:4.
El enojo es una emoción natural caracterizada por irritabilidad, frustración o resentimiento ante una situación percibida como incorrecta o amenazante. Físicamente, prepara al cuerpo para «atacar o huir» liberando adrenalina y aumentando la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
• Wikipedia
El enojo no ayuda a pensar bien. Por el contrario, empuja a reaccionar mal porque no se piensa, ni mucho menos se razona. De allí que después del enojo, hay una sentir de arrepentimiento y pedir perdón, al darse cuenta del mal provocado con el enojo. Y por supuesto es válido enojarse, pero sin hacer daño alguno a nadie. «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.» Efesios 4:26-27. Cuando se actúa por reacción a lo que les hacen o les dicen, omiten razonar y valorar los pro y los contra. Diciendo sí cuando deben decir no, y diciendo no cuando deben decir sí.
El consejo al adolescente y al jóven es claro y directo: «y aparta de tu carne el mal«. Es decir de su cuerpo unido a su mente y corazón; dicho de otra manera de su persona con sus pensamientos, criterio, recuerdos, sentimientos, emociones y voluntad.
Siendo determinante entonces poner una real distancia con personas, lugares e influencias que entren por los ojos, los oidos y la mente. «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.» 1 Juan 2:15-17.
A esa edad de la adolescencia y la juventud, es fácil ser influenciados al mal, al ver la vanidad que otros presentan. «Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.» Salmos 119:37. Fácil es dejarse atraer por lo que otros permiten ver de sus vidas, es decir de quienes sobrevaloran sus propias habilidades, sus atributos y sus conocimientos con el propósito de aparentar ser, tener y estar.
¿Dónde está el problema? Que por la inmadurez a esas edades, se cree que la realidad de la vida es la que dejan ver los demás, cuando realmente aparentan todo ocultando su verdad. A esa edad se ve a los otros como superiores, y entonces se desea ser superior como ellos, dejando a un lado principios y valores aprendidos.
Y por lo que ven muchos adolescentes y jóvenes, creen que beber licor, andar en fiestas y bailes, consumir alcohol y drogas, usar dinero ilícito, tener sexo con el más guapo o la más bonita del grupo, etc., lo es todo en la vida. Y es allí cuando se pierde el rumbo, el enfoque y se aceptan cosas que antes se tenían como malas y peligrosas. El criterio, que es la capacidad de reconocer la veracidad de todo, se distorsiona y se pierde. «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» Isaías 5:20. Ya no se distingue lo que sí es, de lo que no es, cayendo en el engaño y la mentira.
Satanás no desea que ningún ser humano sea salvo del castigo eterno. Por eso busca y ataca a nuestros adolescentes y jóvenes. «Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.» 1 Juan 2:13-14.
¡Cuidemos a nuestros adolescentes y a nuestros jóvenes!
- A los niños de 0 a 12 años es mucho más fácil guiarlos. Aun admiran a sus padres y les obedecen.
- Los adolescentes de 12 a 18 años están en la etapa de descubrir, y tienden a ser más insujetos y rebeldes. Necesitan de sus padres mucho más amor, paciencia y compresión, a pesar de estar perdiendo su admiración a sus padres. Ya se dan cuenta cuando ellos les mienten y ocultan algo. No son tontos, son muy inteligentes.
- Los jóvenes de 18 a 24 años están tomando decisiones que trascienden por el resto de sus vidas. Ya se graduaron de la secundaria. Ya tienen un trabajo y ganan su propio dinero. Necesitan ser orientados también con amor, paciencia y compresión.
Dios desea que todo ser humano sea feliz y se sienta seguro y realizado siempre. «Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.» Eclesiastés 11:9-10.
• Francisco Gudiel – FG –
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